#SerieDiosas Pachamama: La diosa de la Tierra

#SerieDiosas Pachamama: La diosa de la Tierra

Entre las ocho festividades neopaganas del año, Mabon es el segundo de los tres festivales de cosecha, precedido por Lammas y seguido por Samhain. En el Hemisferio Norte se celebra el 23 de septiembre y en el sur el 20 de marzo.

Igual que en el Equinoccio de Primavera, estamos en un momento de equilibrio, donde por sólo unos días la luz del día y de la noche tiene la misma duración, antes de zambullirnos en las oscuras horas del invierno.

Representa “el día de acción de gracias” en las culturas antiguas. No confundir con el día de acción de gracias en Estados Unidos que es para fines de noviembre, y no tiene relación a la estación del año, ya que para ese momento de la rueda no queda mucha cosecha.

La tradición es dar gracias al Equinoccio Otoñal ya que ayudaba a garantizar suficientes provisiones para el invierno. Y para que eso suceda con más éxito, se le agradecía especialmente a la Madre Tierra por todo lo que nos ofrece y por su naturaleza fértil.

Por eso elegí para esta fecha honrar a la diosa Pachamama, una diosa indígena de la cultura de los Andes, en América del Sur.

Ella es la Tierra debajo de nuestros pies, este material sólido en el que todos habitamos por sólo un lapso de tiempo. Ella es la tierra fresca y las rocas, los valles y montañas. Podemos sentirla caminando descalzas, recostándonos en su suelo y escuchando sus latidos que vienen desde el mismo centro de nuestro planeta. Es la madre del sol y la luna, estamos intrínsecamente conectadas e incluidas por ella.

Por personificar la tierra, el más denso de los cinco elementos, ella tiene la capacidad de mostrarnos cómo hacer para manifestar nuestras ideas en el mundo, cómo darles forma para que se transformen en una realidad. Mientras que la rueda del año va girando, vemos cómo las ideas son recibidas como inspiración en el Norte (invierno), se mueven con el fuego de la creatividad del este (Primavera), son avivadas con el deseo del sur (Verano) y manifestadas en el oeste, es decir en la época otoñal.

Un buen hábito para hacer cualquier cambio en nuestras vidas es pasar tiempo con Madre Tierra, sentadas sobre ella, acostadas sobre su extensa piel que cubre el mundo. Permitiendo que su energía se vaya absorbiendo a través de los poros de nuestra piel. Y esto se puede hacer literalmente desde cualquier lado, mismo vivamos en una gran ciudad de concreto, ya que siempre hay un parque o un poquito de naturaleza a la que podemos acudir para conectarnos con su fuerza.

Sabemos que la rueda del año se refleja en las vidas de las personas: nacimiento, crecimiento, declinación y muerte. Mientras agradecemos los frutos concedidos, también es momento para meditar sobre lo que observamos que está pasando en la naturaleza. Las hojas verdes se van coloreando de anaranjado y marrón, el sol se hace más suave y mientras que las hojas comienzan a caer, nos invitan a soltar lo viejo. Identifiquemos lo que ya no queremos que sea parte de nuestras vidas de ahora en adelante y la forma en que vamos a dejarlo ir. Todo lo que soltamos, al igual que las hojas de los árboles, caen y fertilizan la tierra, honrando los ciclos de los que somos parte. Entendemos que la muerte es solo el fin de un ciclo de la vida que da paso a otro nuevo ciclo.

Les propongo una meditación para hacer en relación a conectarse con la tierra, arraigarse fuerte y dejar ir lo que necesitemos.

Meditación las hojas del árbol caen 

Siéntate en el suelo, con la espalda bien derecha y cierren los ojos. Apoya las manos en los muslos para sentirte arraigada y conectada a la tierra, a la Pachamama, como un árbol.

Imagina que desde las caderas hacia abajo sos el tronco de un árbol. Siente las raíces en tu pelvis alargándose hacia abajo, profundo en la tierra oscura. Trata de enriquecer esa visualización dándole más detalles, haciéndola más y más real.

Manteniendo esa imagen, en la próxima inspiración enfócate en expandir las ramas de este árbol que es el resto de tu cuerpo. Deja que el aire llene los pulmones en todas direcciones, la parte baja, alta, costados, frente y dorso. Imaginando que las ramas se expanden y se transforman en un árbol frondoso, lleno de hojas verdes. Y al exhalar el abdomen se retrae suavemente hacia la espina dorsal.

La próxima vez que inspires, imagina esas hojas ya del color del otoño, rojas, naranjas, amarillas, marrones.

Y al exhalar imagínalas cayendo una a una, junto con todo lo que deseas soltar en esta estación.

Empieza a asociar cada hoja que imaginas cayendo con algo específico que deseas soltar y conecta con la sensación de espacio que estás generando para nuevos proyectos, objetivos, sensaciones o intuiciones.

Las hojas caen al suelo y fertilizan la tierra durante el invierno, y todo lo nuevo que quieren ver florecer en la próxima primavera.

Cuando lo sientas oportuno, puedes finalizar la meditación agradeciendo a la Pachamama por hacer los ciclos posibles, dándonos incansablemente la oportunidad en cada uno de ellos de renovarnos y transformarnos en lo que realmente queremos ser y experimentar en nuestras vidas.